martes, 26 de febrero de 2013
Los elementos
Entre roca y fuego,
entre fuego y hielo,
entre viento y agua,
entre agua y sol,
entre tierra y cielo,
entre cielo e infinito.
Muevo mi cuerpo,
vuela mi espiritu,
piensa mi mente,
siente mi corazón.
Entre los elementos
sólo soy lo que soy.
El fuego quema mis creencias,
el agua limpia mi mente,
el viento aleja mis miedos,
la tierra me transforma;
desde los elemtos
nace el nuevo yo,
unido a mi esencia,
conectado con mi ser,
ser sintiente,
pensante, andante
y espiritual.
Entre los elementos
sólo soy lo que soy...
lunes, 30 de noviembre de 2009
Consecuencias
Cómo medir las consecuencias de nuestros actos?
es que tienen fin alguna vez?
No puedo simplemente dejarme llevar,
necesito cuestionarme,
evaluar mis necesidades,
seguir esperando si hace falta...
Cuánto decir?, cuánto callar?
tiene realmente importancia el pasado?
para mi lo que importa es el presente
y también la construcción de un futuro,
cuánto tiempo más deberé mirar hacia atras?
por cuánto tiempo seguiré arrastrando mi pasado?
Necesito liberarme de él, dejarlo atrás!
es que tienen fin alguna vez?
No puedo simplemente dejarme llevar,
necesito cuestionarme,
evaluar mis necesidades,
seguir esperando si hace falta...
Cuánto decir?, cuánto callar?
tiene realmente importancia el pasado?
para mi lo que importa es el presente
y también la construcción de un futuro,
cuánto tiempo más deberé mirar hacia atras?
por cuánto tiempo seguiré arrastrando mi pasado?
Necesito liberarme de él, dejarlo atrás!
lunes, 3 de agosto de 2009
(Para mayores de 40)
Un artículo de Eduardo GALEANO
(Para mayores de 40)
Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco.
No hace tanto, con mi mujer, lavábamos los pañales de los críos, los colgábamos en la cuerda junto a otra ropita, los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar.
Y ellos, nuestros nenes, apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda, incluyendo los pañales.
¡Se entregaron inescrupulosamente a los desechables! Si, ya lo sé. A nuestra generación siempre le costó tirar. ¡Ni los desechos nos resultaron muy desechables! Y así anduvimos por las calles guardando los mocos en el bolsillo y las grasas en los repasadores.
¡¡¡Nooo!!! Yo no digo que eso era mejor. Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por dónde se entra. Lo más probable es que lo de ahora esté bien, eso no lo discuto. Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año, el celular cada tres meses o el monitor de la computadora todas las navidades.
¡Guardo los vasos desechables!
¡Lavo los guantes de látex que eran para usar una sola vez!
¡Apilo como un viejo ridículo las bandejitas de espuma plástica de los pollos!
¡Los cubiertos de plástico conviven con los de acero inoxidable en el cajón de los cubiertos!
¡Es que vengo de un tiempo en el que las cosas se compraban para toda la vida!
¡Es más!
¡Se compraban para la vida de los que venían después!
La gente heredaba relojes de pared, juegos de copas, fiambreras de tejido y hasta palanganas de loza.
Y resulta que en nuestro no tan largo matrimonio, hemos tenido más cocinas que las que había en todo el barrio en mi infancia y hemos cambiado de heladera tres veces.
¡¡Nos están fastidiando! ! ¡¡Yo los descubrí!! ¡¡Lo hacen adrede!! Todo se rompe, se gasta, se oxida, se quiebra o se consume al poco tiempo para que tengamos que cambiarlo. Nada se repara. Lo obsoleto es de fábrica.
¿Dónde están los zapateros arreglando las media-suelas de las Nike?
¿Alguien ha visto a algún colchonero escardando sommiers casa por casa?
¿Quién arregla los cuchillos eléctricos? ¿El afilador o el electricista?
¿Habrá teflón para los hojalateros o asientos de aviones para los talabarteros?
Todo se tira, todo se desecha y, mientras tanto, producimos más y más basura.
El otro día leí que se produjo más basura en los últimos 40 años que en toda la historia de la humanidad.
El que tenga menos de 40 años no va a creer esto: ¡¡Cuando yo era niño por mi casa no pasaba el basurero!!
¡¡Lo juro!! ¡Y tengo menos de... años!
Todos los desechos eran orgánicos e iban a parar al gallinero, a los patos o a los conejos (y no estoy hablando del siglo XVII)
No existía el plástico ni el nylon. La goma sólo la veíamos en las ruedas de los autos y las que no estaban rodando las quemábamos en la Fiesta de San Juan.
Los pocos desechos que no se comían los animales, servían de abono o se quemaban. De 'por ahí' vengo yo. Y no es que haya sido mejor. Es que no es fácil para un pobre tipo al que lo educaron con el 'guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo', pasarse al 'compre y tire que ya se viene el modelo nuevo'.
Mi cabeza no resiste tanto.
Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que, además, cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real.
Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mismo nombre (y vaya si era un nombre como para cambiarlo) Me educaron para guardar todo. ¡¡¡Toooodo!!! Lo que servía y lo que no. Porque algún día las cosas podían volver a servir. Le dábamos crédito a todo.
Si, ya lo sé, tuvimos un gran problema: nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas no. Y en el afán de guardar (porque éramos de hacer caso) guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas del jardín de infantes y no sé cómo no guardamos la primera caquita. ¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo?
¿Será que cuando las cosas se consiguen fácilmente, no se valoran y se vuelven desechables con la misma facilidad con la que se consiguieron?
En casa teníamos un mueble con cuatro cajones. El primer cajón era para los manteles y los repasadores, el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel ni cubierto. Y guardábamos.. . ¡¡Cómo guardábamos!! ¡¡Tooooodo lo guardábamos!! ¡¡Guardábamos las chapitas de los refrescos!! ¡¿Cómo para qué?! Hacíamos limpia-calzados para poner delante de la puerta para quitarnos el barro. Dobladas y enganchadas a una piola se convertían en cortinas para los bares. Al terminar las clases le sacábamos el corcho, las martillábamos y las clavábamos en una tablita para hacer los instrumentos para la fiesta de fin de año de la escuela. ¡Tooodo guardábamos!
¡¡¡Las cosas que usábamos!!!: mantillas de faroles, ruleros, ondulines y agujas de primus. Y las cosas que nunca usaríamos. Botones que perdían a sus camisas y carreteles que se quedaban sin hilo se iban amontonando en el tercer y en el cuarto cajón. Partes de lapiceras que algún día podíamos volver a precisar. Tubitos de plástico sin la tinta, tubitos de tinta sin el plástico, capuchones sin la lapicera, lapiceras sin el capuchón. Encendedores sin gas o encendedores que perdían el resorte. Resortes que perdían a su encendedor.
Cuando el mundo se exprimía el cerebro para inventar encendedores que se tiraban al terminar su ciclo, inventábamos la recarga de los encendedores descartables. Y las Gillette -hasta partidas a la mitad- se convertían en sacapuntas por todo el ciclo escolar. Y nuestros cajones guardaban las llavecitas de las latas de sardinas o del corned-beef, por las dudas que alguna lata viniera sin su llave. ¡Y las pilas! Las pilas de las primeras Spica pasaban del congelador al techo de la casa. Porque no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más. No nos resignábamos a que se terminara su vida útil, no podíamos creer que algo viviera menos que un jazmín.
Las cosas no eran desechables. Eran guardables. ¡¡¡Los diarios!!! Servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, para poner en el piso los días de lluvia y por sobre todas las cosas para envolver. ¡¡¡Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al trozo de carne!!!
Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para hacer guías de pinitos de navidad y las páginas del almanaque para hacer cuadros y los cuentagotas de los remedios por si algún medicamento no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos prender una hornalla de la Volcán desde la otra que estaba prendida y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos. Y las cajas de cigarros Richmond se volvían cinturones y posa-mates y los frasquitos de las inyecciones con tapitas de goma se amontonaban vaya a saber con qué intención, y los mazos de naipes se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en una sota de espada que decía 'éste es un 4 de bastos'.
Los cajones guardaban pedazos izquierdos de palillos de ropa y el ganchito de metal. Al tiempo albergaban sólo pedazos derechos que esperaban a su otra mitad para convertirse otra vez en un palillo.
Yo sé lo que nos pasaba: nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos. Así como hoy las nuevas generaciones deciden 'matarlos' apenas aparentan dejar de servir, aquellos tiempos eran de no declarar muerto a nada: ¡¡¡ni a Walt Disney!!!
Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se convertía en base y nos dijeron: 'Cómase el helado y después tire la copita', nosotros dijimos que sí, pero, ¡¡¡minga que la íbamos a tirar!!! Las pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas. Las latas de arvejas y de duraznos se volvieron macetas y hasta teléfonos. Las primeras botellas de plástico se transformaron en adornos de dudosa belleza. Las hueveras se convirtieron en depósitos de acuarelas, las tapas de botellones en ceniceros, las primeras latas de cerveza en portalápices y los corchos esperaron encontrarse con una botella.
Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos. ¡¡¡Ah!!! ¡¡¡No lo voy a hacer!!! Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad son descartables.
Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas. Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero. No lo voy a hacer. No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne. No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos, que a las personas que les falta alguna función se les discrimina o que valoran más a los lindos, con brillo y glamour.
Esto sólo es una crónica que habla de pañales y de celulares. De lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme seriamente entregar a la 'bruja' como parte de pago de una señora con menos kilómetros y alguna función nueva. Pero yo soy lento para transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo de que la 'bruja' me gane de mano y sea yo el entregado.
Hasta aquí Eduardo Galeano
(Para mayores de 40)
Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco.
No hace tanto, con mi mujer, lavábamos los pañales de los críos, los colgábamos en la cuerda junto a otra ropita, los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar.
Y ellos, nuestros nenes, apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda, incluyendo los pañales.
¡Se entregaron inescrupulosamente a los desechables! Si, ya lo sé. A nuestra generación siempre le costó tirar. ¡Ni los desechos nos resultaron muy desechables! Y así anduvimos por las calles guardando los mocos en el bolsillo y las grasas en los repasadores.
¡¡¡Nooo!!! Yo no digo que eso era mejor. Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por dónde se entra. Lo más probable es que lo de ahora esté bien, eso no lo discuto. Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año, el celular cada tres meses o el monitor de la computadora todas las navidades.
¡Guardo los vasos desechables!
¡Lavo los guantes de látex que eran para usar una sola vez!
¡Apilo como un viejo ridículo las bandejitas de espuma plástica de los pollos!
¡Los cubiertos de plástico conviven con los de acero inoxidable en el cajón de los cubiertos!
¡Es que vengo de un tiempo en el que las cosas se compraban para toda la vida!
¡Es más!
¡Se compraban para la vida de los que venían después!
La gente heredaba relojes de pared, juegos de copas, fiambreras de tejido y hasta palanganas de loza.
Y resulta que en nuestro no tan largo matrimonio, hemos tenido más cocinas que las que había en todo el barrio en mi infancia y hemos cambiado de heladera tres veces.
¡¡Nos están fastidiando! ! ¡¡Yo los descubrí!! ¡¡Lo hacen adrede!! Todo se rompe, se gasta, se oxida, se quiebra o se consume al poco tiempo para que tengamos que cambiarlo. Nada se repara. Lo obsoleto es de fábrica.
¿Dónde están los zapateros arreglando las media-suelas de las Nike?
¿Alguien ha visto a algún colchonero escardando sommiers casa por casa?
¿Quién arregla los cuchillos eléctricos? ¿El afilador o el electricista?
¿Habrá teflón para los hojalateros o asientos de aviones para los talabarteros?
Todo se tira, todo se desecha y, mientras tanto, producimos más y más basura.
El otro día leí que se produjo más basura en los últimos 40 años que en toda la historia de la humanidad.
El que tenga menos de 40 años no va a creer esto: ¡¡Cuando yo era niño por mi casa no pasaba el basurero!!
¡¡Lo juro!! ¡Y tengo menos de... años!
Todos los desechos eran orgánicos e iban a parar al gallinero, a los patos o a los conejos (y no estoy hablando del siglo XVII)
No existía el plástico ni el nylon. La goma sólo la veíamos en las ruedas de los autos y las que no estaban rodando las quemábamos en la Fiesta de San Juan.
Los pocos desechos que no se comían los animales, servían de abono o se quemaban. De 'por ahí' vengo yo. Y no es que haya sido mejor. Es que no es fácil para un pobre tipo al que lo educaron con el 'guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo', pasarse al 'compre y tire que ya se viene el modelo nuevo'.
Mi cabeza no resiste tanto.
Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que, además, cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real.
Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mismo nombre (y vaya si era un nombre como para cambiarlo) Me educaron para guardar todo. ¡¡¡Toooodo!!! Lo que servía y lo que no. Porque algún día las cosas podían volver a servir. Le dábamos crédito a todo.
Si, ya lo sé, tuvimos un gran problema: nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas no. Y en el afán de guardar (porque éramos de hacer caso) guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas del jardín de infantes y no sé cómo no guardamos la primera caquita. ¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo?
¿Será que cuando las cosas se consiguen fácilmente, no se valoran y se vuelven desechables con la misma facilidad con la que se consiguieron?
En casa teníamos un mueble con cuatro cajones. El primer cajón era para los manteles y los repasadores, el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel ni cubierto. Y guardábamos.. . ¡¡Cómo guardábamos!! ¡¡Tooooodo lo guardábamos!! ¡¡Guardábamos las chapitas de los refrescos!! ¡¿Cómo para qué?! Hacíamos limpia-calzados para poner delante de la puerta para quitarnos el barro. Dobladas y enganchadas a una piola se convertían en cortinas para los bares. Al terminar las clases le sacábamos el corcho, las martillábamos y las clavábamos en una tablita para hacer los instrumentos para la fiesta de fin de año de la escuela. ¡Tooodo guardábamos!
¡¡¡Las cosas que usábamos!!!: mantillas de faroles, ruleros, ondulines y agujas de primus. Y las cosas que nunca usaríamos. Botones que perdían a sus camisas y carreteles que se quedaban sin hilo se iban amontonando en el tercer y en el cuarto cajón. Partes de lapiceras que algún día podíamos volver a precisar. Tubitos de plástico sin la tinta, tubitos de tinta sin el plástico, capuchones sin la lapicera, lapiceras sin el capuchón. Encendedores sin gas o encendedores que perdían el resorte. Resortes que perdían a su encendedor.
Cuando el mundo se exprimía el cerebro para inventar encendedores que se tiraban al terminar su ciclo, inventábamos la recarga de los encendedores descartables. Y las Gillette -hasta partidas a la mitad- se convertían en sacapuntas por todo el ciclo escolar. Y nuestros cajones guardaban las llavecitas de las latas de sardinas o del corned-beef, por las dudas que alguna lata viniera sin su llave. ¡Y las pilas! Las pilas de las primeras Spica pasaban del congelador al techo de la casa. Porque no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más. No nos resignábamos a que se terminara su vida útil, no podíamos creer que algo viviera menos que un jazmín.
Las cosas no eran desechables. Eran guardables. ¡¡¡Los diarios!!! Servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, para poner en el piso los días de lluvia y por sobre todas las cosas para envolver. ¡¡¡Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al trozo de carne!!!
Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para hacer guías de pinitos de navidad y las páginas del almanaque para hacer cuadros y los cuentagotas de los remedios por si algún medicamento no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos prender una hornalla de la Volcán desde la otra que estaba prendida y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos. Y las cajas de cigarros Richmond se volvían cinturones y posa-mates y los frasquitos de las inyecciones con tapitas de goma se amontonaban vaya a saber con qué intención, y los mazos de naipes se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en una sota de espada que decía 'éste es un 4 de bastos'.
Los cajones guardaban pedazos izquierdos de palillos de ropa y el ganchito de metal. Al tiempo albergaban sólo pedazos derechos que esperaban a su otra mitad para convertirse otra vez en un palillo.
Yo sé lo que nos pasaba: nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos. Así como hoy las nuevas generaciones deciden 'matarlos' apenas aparentan dejar de servir, aquellos tiempos eran de no declarar muerto a nada: ¡¡¡ni a Walt Disney!!!
Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se convertía en base y nos dijeron: 'Cómase el helado y después tire la copita', nosotros dijimos que sí, pero, ¡¡¡minga que la íbamos a tirar!!! Las pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas. Las latas de arvejas y de duraznos se volvieron macetas y hasta teléfonos. Las primeras botellas de plástico se transformaron en adornos de dudosa belleza. Las hueveras se convirtieron en depósitos de acuarelas, las tapas de botellones en ceniceros, las primeras latas de cerveza en portalápices y los corchos esperaron encontrarse con una botella.
Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos. ¡¡¡Ah!!! ¡¡¡No lo voy a hacer!!! Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad son descartables.
Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas. Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero. No lo voy a hacer. No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne. No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos, que a las personas que les falta alguna función se les discrimina o que valoran más a los lindos, con brillo y glamour.
Esto sólo es una crónica que habla de pañales y de celulares. De lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme seriamente entregar a la 'bruja' como parte de pago de una señora con menos kilómetros y alguna función nueva. Pero yo soy lento para transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo de que la 'bruja' me gane de mano y sea yo el entregado.
Hasta aquí Eduardo Galeano
jueves, 11 de junio de 2009
Cotidianeidad
Cada mañana despierto y veo la luz que se filtra por mi ventana,
recibo los buenos días cordiales de mi mascota,
una agradable ducha caliente reanima mis musculos y purifica mi espiritu,
un buen desayuno (para mí y para mi perra) tonifica e infunde energías.
Un pequeño trayecto en el auto me transporta a la almazara,
dar un par de instrucciones para los trabajos del día,
instalar el computador, revisar y contestar mails,
y luego comienza el verdadero trabajo para mí:
pensar como optimizar los procesos internos y
plasmar en papel todos estos procedimientos.
Al medio día un relajo: almorzar con los compañeros de labor,
hacer bromas, hablar de la vida, reir mucho.
Luego al laburo nuevamente: revisar y contestar mails nuevamente,
un par de vueltas por la fabrica para controlar rendimiento, calidad del trabajo,
revisar registros, revisar la información de las máquinas, catar aceite
y luego volver a pensar, con buena musica de fondo...
Después de avanzadas las labores, retorno a la tranquilidad del hogar,
unos cariños y juegos con mi perra para afianzar lazos,
luego darle su comida y velar porque tenga agua y este limpia.
Un comida frugal (una taza de té o una ensalada)
mientras dejo que mi mente vague en las escenas de la TV.
Una vez concluida la merienda ordenar un poco la casa,
cepillar los dientes, colocarse el pijama y acostarse a leer,
hasta que los ojos se me cierren solos...
Entonces a dormir, hasta que comience otro nuevo día
para volver a dar "gracias a la vida que me ha dado tanto"...
recibo los buenos días cordiales de mi mascota,
una agradable ducha caliente reanima mis musculos y purifica mi espiritu,
un buen desayuno (para mí y para mi perra) tonifica e infunde energías.
Un pequeño trayecto en el auto me transporta a la almazara,
dar un par de instrucciones para los trabajos del día,
instalar el computador, revisar y contestar mails,
y luego comienza el verdadero trabajo para mí:
pensar como optimizar los procesos internos y
plasmar en papel todos estos procedimientos.
Al medio día un relajo: almorzar con los compañeros de labor,
hacer bromas, hablar de la vida, reir mucho.
Luego al laburo nuevamente: revisar y contestar mails nuevamente,
un par de vueltas por la fabrica para controlar rendimiento, calidad del trabajo,
revisar registros, revisar la información de las máquinas, catar aceite
y luego volver a pensar, con buena musica de fondo...
Después de avanzadas las labores, retorno a la tranquilidad del hogar,
unos cariños y juegos con mi perra para afianzar lazos,
luego darle su comida y velar porque tenga agua y este limpia.
Un comida frugal (una taza de té o una ensalada)
mientras dejo que mi mente vague en las escenas de la TV.
Una vez concluida la merienda ordenar un poco la casa,
cepillar los dientes, colocarse el pijama y acostarse a leer,
hasta que los ojos se me cierren solos...
Entonces a dormir, hasta que comience otro nuevo día
para volver a dar "gracias a la vida que me ha dado tanto"...
viernes, 3 de abril de 2009
Sólo un sueño
Esta madrugada soñé que te perdía,
soñé que preferías los brazos de otra,
soñé que buscabas los besos de otra,
soñé que deseabas a otra...
Y es que fue un sueño tan real!
porque nunca has añorado realmente mis brazos,
nunca has necesitado realmente mis besos
y definitavemente nunca me has deseado...
Sin embargo, saber que todo es una fantasía absurda
que me he creado para ocultar mi soledad,
no lo hace más fácil: que mis sueños
me restrieguen la realidad es muy duro!
Es algo que está a la vuelta de la esquina
y pese a ello no puedo asumir verte con otra.
Me duele imaginarte buscando en otra
todo lo que yo he querido darte...
Soñarte con ella me devolvió a la realidad
y me recordo que no hay que amar lo inalcanzable...
soñé que preferías los brazos de otra,
soñé que buscabas los besos de otra,
soñé que deseabas a otra...
Y es que fue un sueño tan real!
porque nunca has añorado realmente mis brazos,
nunca has necesitado realmente mis besos
y definitavemente nunca me has deseado...
Sin embargo, saber que todo es una fantasía absurda
que me he creado para ocultar mi soledad,
no lo hace más fácil: que mis sueños
me restrieguen la realidad es muy duro!
Es algo que está a la vuelta de la esquina
y pese a ello no puedo asumir verte con otra.
Me duele imaginarte buscando en otra
todo lo que yo he querido darte...
Soñarte con ella me devolvió a la realidad
y me recordo que no hay que amar lo inalcanzable...
jueves, 29 de enero de 2009
Al 4º medio 1993, Colegio San Leonardo de Maipú
Este texto lo escribi durante el año 1993, mientras compartía y disfrutaba de mis últimos días de colegio. Mi vida en ese entonces estuvo sazonada por un desengaño y una traición y muchisimos momentos felices e inolvidables. Mi paso por el "San Leo Copucha", fue sin duda una de las épocas doradas de mi vida. Las siguientes palabras fueron escritas a quienes compartieron esos días conmigo.
*******************
¿Qué otra cosa les puedo decir?
¿Qué fueron mucho?
¿Qué fueron muy poco?
Sí, mucho, porque un día
penetraron en mi corazón
y se agolparon en sus paredes,
aumentando mis latidos...
Que fueron muy poco,
porque no supimos
eternizar el momento,
porque serán un recuerdo.
Porque el tiempo pasará
diluyéndolo todo.
Porque se disiparán
los momentos, los nombres,
las personas, los sentimientos...
Porque la memoria
olvida, traspapela
y los recuerdos se pierden
... desaparecen.
Llegarán a ser todos ustedes
entes invisibles
de una vida anterior,
que no guarde relación con ésta.
Serán todos ustedes olvido...
Mas, por hoy, son mucho...
y, también, son muy poco...
*******************
Para concluir me gustaría comentarles que estas lobregas palabras no fueron proféticas, pues hasta el día de hoy mantengo contacto con algunos de estos compañeros. De hecho uno de mis mejores amigos fue mi compañero de media.
*******************
¿Qué otra cosa les puedo decir?
¿Qué fueron mucho?
¿Qué fueron muy poco?
Sí, mucho, porque un día
penetraron en mi corazón
y se agolparon en sus paredes,
aumentando mis latidos...
Que fueron muy poco,
porque no supimos
eternizar el momento,
porque serán un recuerdo.
Porque el tiempo pasará
diluyéndolo todo.
Porque se disiparán
los momentos, los nombres,
las personas, los sentimientos...
Porque la memoria
olvida, traspapela
y los recuerdos se pierden
... desaparecen.
Llegarán a ser todos ustedes
entes invisibles
de una vida anterior,
que no guarde relación con ésta.
Serán todos ustedes olvido...
Mas, por hoy, son mucho...
y, también, son muy poco...
*******************
Para concluir me gustaría comentarles que estas lobregas palabras no fueron proféticas, pues hasta el día de hoy mantengo contacto con algunos de estos compañeros. De hecho uno de mis mejores amigos fue mi compañero de media.
Admiración
En los últimos meses he recibido dos o tres veces el comentario de gente que "me admira", y no puedo evitar preguntarme "por qué?", yo no tengo nada admirable, soy una persona normal, que ha tenido que enfrentar al igual que todo alegrias y desdichas a lo largo de mi vida... Yo no me encuentro admirable, porque conozco todos los errores que he cometido, porque sé que he producido heridas profundas en personas que talves no lo merecían. La verdad es que me caigo a diario, a diario cometo errores, me dejo llevar por mi temperamento, soy demasiado impulsiva...
En fin, no veo eso que las personas ven para ganar su admiracion... De todas maneras tratare de ser igual o mejor para no defraudarlos.
Gracias por el afecto que me entregan y por el tiempo que dedican a leer lo que escribo.
En fin, no veo eso que las personas ven para ganar su admiracion... De todas maneras tratare de ser igual o mejor para no defraudarlos.
Gracias por el afecto que me entregan y por el tiempo que dedican a leer lo que escribo.
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